YAUALA NO. 4

MAYO 2018

L O C A C I Ó N

Baja California, México

C R É D I T O S

Realizado por Santiago Bonilla

El título de la pieza. La imagen y lo material.

Cada vez me cuesta más trabajo elegir un título. Siempre que me encuentro en esa situación veo sólo dos opciones: que sea una pequeña metáfora -que funcione como clave de decodificación de la pieza- o que haga referencia a un objeto concreto. Creo que en el fondo sueño con poder escribir un título que no sea metafórico, que sea puro referente. Siempre fracaso, obviamente. Este caso no es la excepción. También me gustaría que las obras en general no tuvieran títulos pero ahí el fracaso se duplica. Es como pensar las cosas sin palabras. El título de esta pieza, me parece, viene de esta discusión. Imagen material es una contradicción. Una fotografía tridimensional. Un cuerpo sin volumen. Una presencia sin peso. En el proceso de producción pensaba mucho en la diferencia entre un objeto y la imagen de ese objeto. Después fui más preciso y en vez de decir objeto dije cuerpo. Yo no estaba filmando objetos. Estaba filmando cuerpos: cuerpos muertos. Tampoco sabía si en el momento de morir dejaban de ser cuerpos y pasaban a ser objetos. Al mismo tiempo sabía que la experiencia de estar frente a uno de esos cuerpos no era la misma –no podía ser la misma- que la experiencia de estar frente a la imagen de esos cuerpos. Eran ballenas grises: medían al menos quince metros y pesaban alrededor de veinte toneladas. Borges dice en algún lado –refiriéndose a Moby Dick- que la ballena es menos un símbolo de la maldad del cosmos que de su vastedad. Yo añadiría la vejez. Uno se siente pequeño, a pesar de que entre la putrefacción de esos cuerpos tan grandes y la experiencia de uno mismo se interponga la cámara, que domestica todo. 


El papel de la muerte y la vida.

El plan inicial era mover mucho la cámara pero conforme pasaron los días fui haciendo lo contrario. De algo me di cuenta: darle movimiento a algo que está muerto no tiene sentido. Quizá la muerte es eso: lo inmóvil.  Recuerdo el día que llegué. Era todavía de madrugada después de sobrevolar el Mar de Cortés. Aterricé sin comer nada. Y enseguida me encontraba en una isla diminuta –una isla causa de la marea- con una ballena recién descubierta, a primera hora de la mañana. Era blanca. Enorme. Con la lengua hinchada, a punto de estallar. Un líquido tornasol –que no sé si era sangre- la rodeaba en pequeños charcos. Supongo que era grasa y agua de mar. Alrededor de ella sobrevolaba una parvada de gaviotas. Se la estaban comiendo. 
    Al llegar al pueblo, exhausto del viaje y de la jornada de trabajo, entré a una fonda, pedí una cerveza y mientras comía pescado percibí un olor similar al de la ballena. No sabía si el olor era a mar, a pescado, o a sal. Quizá una combinación de los tres. No podía dejar de comer. La cerveza empezaba a pegarme. Tenía hambre. Y por un momento me sentí extraño a mí mismo. 


La distorsión de la imagen.

Vengo trabajando el tema de la memoria desde hace tiempo y de algún modo he buscado con varios recursos formales quitarle a la imagen el carácter afirmativo. No creo haberlo logrado pero he encontrado en la distorsión y en el fuera de foco algo que me permite justamente ver a la imagen como una imagen, de la misma manera que si enseñara el marco que la sostiene. Hay un momento de esta pieza en donde se pierde el referente y ya no podemos nombrar una ballena sino sólo un espectro de colores y formas. La pérdida de ese referente es lo que me interesa. Va acompañada de la pérdida de perspectiva y tridimensionalidad, de la ilusión de peso, volumen, corporalidad; y por el otro lado, de la afirmación de lo abstracto, lo bidimensional, la textura y la forma. Es un proceso que hice, en su mayoría, de manera analógica. 

El viaje.

Esta pieza es parte de una pieza más grande que desarrollé como becario del fonca el año pasado. Es una pieza con múltiples salidas pero con un solo origen. El origen es la muerte de mi abuelo, de Lilia, y la pérdida de una casa. Es un ensayo audiovisual sobre el paisaje, la arquitectura, el trabajo de duelo y la imagen del recuerdo. Es una pieza autobiográfica pero no autorreferente. De ahí que me haya ido a filmar algo que definitivamente no soy yo. Para escapar de mí mismo, quizá. Pero para encontrar disperso en la arena –en forma de basura- algo que me es común, supongo. Como dije, venía trabajando el tema de la memoria y a los pocos días de haber llegado escribí en una libreta: este paisaje no me recuerda nada. Casi no escribí nada más en los días siguientes. Fue un viaje que hice solo. Trabajaba por las mañanas, me levantaba temprano y tomaba una lancha para llegar a las ballenas. Las filmaba lo que podía en el día, y ya en la tarde daba vueltas por la cancha de futbol del pueblo, lavaba mi ropa con un viejito recién retirado, luchaba con la arena que se me metía en los ojos, tomaba agua de cebada que vendían en una tiendita, comía galletas María y me sentaba en el quicio de la puerta a escuchar We Used to Talk for Hours, de Camille Mandoki. 

 

El tiempo.

Sobre el tiempo en en esta pieza no tengo nada más que decir que es una imagen en mutación; sin cortes, sin elipsis, sin pasado ni futuro. Es puro movimiento. Por más que todo parezca quieto. 

 

El sonido.

El sonido es una mezcla de cosas disímiles con la misma idea: abstraer un referente, en este caso es la abstracción de un paisaje sonoro. Tiene que ver con lo que dije de la distorsión de la imagen. 
«Landscape is the work of the mind», dice Simon Schama. Algo así.


¿Qué queda fuera de esta pieza?

Fuera de esta pieza queda un ensayo audiovisual en proceso cuyo título provisorio es, igual que el libro de Bergson, Materia y memoria; queda también un material diferido de paisajes marinos, de huesos dispersos en la arena, de cuerpos en reposo, de cuartos vacíos, de luz sobre arquitectura de otra época y de pensamientos en voz baja. Es un material que planeo proyectar sobre todo fuera de la sala cinematográfica. Queda también, a modo subjetivo, la fabricación deliberada de una serie de recuerdos personales. En el proceso sabía que estas imágenes serían las últimas de aquellos lugares, de aquellos cuerpos. Elegir qué recordar es una operación utópica. Colinda más con la imaginación que con la memoria. Es también un proceso de ficción. Atraviesa el modo de construir historia al que nuestro país está sometido. Es una memoria proyectada al futuro. Si algo exige este momento histórico es pensar con atención plena el origen de nuestros recuerdos, cada vez más disperso en el aparato mediático y estatal, concentrado por un lado en el marketing de la nostalgia y por el otro en la fabricación de falsos recuerdos. El cine no sólo es una industria de evasión. Es –dice Godard- ante todo el único lugar donde la memoria es esclava. 
 

Imagen / Material

IMAGEN MATERIAL ES UNA CONTRADICCIÓN.

UNA FOTOGRAFÍA TRIDIMENSIONAL.

UN CUERPO SIN VOLUMEN.

UNA PRESENCIA SIN PESO.

TEXTO: Santiago Bonilla / ENTREVISTA: Alina Montero Muller

© 2018 Yauala es una publicación de Hero

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